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Lo
celebramos…
A
pesar de estar pendiente de las confirmaciones de asistencia hasta el último
momento no creí que la afluencia a los Open Days fuera tanta. A los que
vinieron, reiterarles mi gratitud por su asistencia
y a los
que no, ofrecerles de nuevo la invitación para ver los Jardines Temáticos y
visitar el vivero cuando quieran.
A
Teresa Muñoz
,
Mercè Trias
,
Jordi Fabregas
, Thomas Löffler (Rosen-Tantau) como conferenciantes
y a Pere
Ramoneda y Daniel Iglesias por sus exposiciones en la presentación del libro
electrónico de Árboles de Climas Mediterráneos, a todos, darles las gracias
por responder a mi invitación a participar en
la Jornada. También
, mi agradecimiento para la Associació de Professionals dels Espais Verds de Catalunya, APEVC y
el Gremi de Jardiners de Barcelona quienes procuraron la difusión del evento.
Hay
adjuntos al final de estas noticias, los resúmenes escritos por los conferenciantes para
que puedan hacerse una idea de los contenidos e ideas que se barajaron ese día
(con excepción de
Teresa Muñoz
y Thomas Löffler que ocuparán espacio en las próximas noticias de Julio
junto con el extracto del libro electrónico de Árboles de Climas Mediterráneos).
Se cumplieron las expectativas, me alegró comprobar que los asistentes
estuvisteis atendiendo a cada una de las conferencias
a pesar de que se nos hizo tarde y el catering ya estaba
servido.
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El
pasado día 16 de Junio
Alex Puig
y su maravillosa familia de Vivers
Ter tuvieron la amabilidad de invitarnos a una jornada de
puertas abiertas, donde nos mostraron las últimas tendencias de la pasarela
jardinera para las próximas temporadas. Profesionales del sector
nos hablaron de sus experiencias con las gramíneas, con las que Alex lleva ya
varios años trabajando, así como de los rosales tapizantes y de los sedum,
un mundo con infinitas posibilidades, y con los que tendremos que contar en el
futuro en nuestros jardines, y no solo para rocallas y terrazas. Gracias Alex.
También,
como no, tuvimos la oportunidad de escuchar a uno más de los nuevos Mesías
de la jardinería, empeñado, como muchos de sus colegas, en abrirnos los ojos
ante los tremendos errores en los que hemos estado sumidos durante los últimos
cinco mil años, como, por ejemplo, la manía de hacer jardines donde
sentirnos a gusto. Parece que los jardineros son los responsables del cambio
climático, de la desaparición de las ballenas y de las matanzas de bebés
foca. La botánica es una ciencia útil y hermosa; y la ecología no lo es
menos. Pero, pese a ser ciencias utilizadas por los jardineros muchísimos años
antes de que fueran inventadas, se convierten, como las medicinas, en veneno
mortal si se usan en el jardín en dosis letales. Y es que el jardín, a ver
si nos vamos enterando ya, es algo más, mucho más, que un conjunto de
plantas en un determinado lugar. El Jardín, se defina como se defina, se
inventó con una finalidad que debe acompañarlo inexorablemente para ser jardín:
EL PLACER. Y no debieron hacerlo tan mal quienes lo inventaron, ni escaso el
placer de su disfrute, que cuando Dios buscó un lugar donde crearnos eligió
un jardín; no eligió un edificio super fashion de algún divino arquitecto,
ni un trozo de desierto, ni un asfixiante pedazo de la hostil naturaleza
mediterránea. Eligió un Jardín. Y le gustó tanto que nos expulsó de él
para quedárselo en exclusiva.
Es
cierto que durante muchos años nos hemos olvidado del jardín. Y que a su
vuelta se ha encontrado con un ejército de aspirantes a jardineros que, cada
uno desde su punto de vista y formación, han intentado re-inventarlo con el
hormigón, el acero, la fitosociología o las verdes praderas. Pero eso no es
un Jardín. Ni es necesario inventar nada nuevo. Basta con echar una mirada
hacia atrás, y estudiar un poco, en todos los sentidos, lo que hacían los
jardineros cuando de verdad se hacían jardines. Tampoco es tan difícil. Y así,
podremos sacar algunas conclusiones, como el buen uso que hacían de las
especies vegetales y del agua, de los ladrillos y de las piedras, etc., y de
lo felices que podemos llegar a ser en esos jardines. Pondré solamente un
ejemplo: imaginemos una tarde calurosa de verano en la ciudad de Sevilla. E
imaginemos un paseo por el Parque de Maria Luisa. Y ahora imaginemos ese mismo
paseo, esa misma tarde de verano, por ese mismo Parque, pero re-inventado a la
última moda, es decir, con alineaciones de romero, parterres de santolina y
bosques de jaras. Evidentemente nuestros compañeros de viaje serían
lagartijas, jabalíes y escorpiones, porque las personas estarían en sus
casas dándole caña a los aparatos de aire acondicionado. Logro
tremendamente ecológico, y sin apenas consumo energético. Conozco muchos
jardines tan ecológicos ellos, que sus propietarios los disfrutan desde el
interior de sus viviendas, convenientemente refrigeradas, porque su uso solo
es posible en verano, cuando la noche ya casi acaba. Valiente balance energético.
Cuanto más ecológicos nos volvemos con la jardinería, más crece el parque
de máquinas refrigerantes, que a unos tres kilovatios hora de consumo, se me
antoja como paradigma del desarrollo sostenible.
Volvamos
al Parque de Maria Luisa: es cierto que veremos de vez en cuando al jardinero
con la manguera regando el jardín. Pero si somos capaces de mesurar con
acierto el uso del agua, cosa que Forestier y sus colegas hacían muy bien,
nos daremos cuenta de que esa agua no es para las plantas. Es para las
personas. Porque el
agua, en un jardín bien pensado, tiene como finalidad hacernos posible el uso
del jardín. Hasta el extremo de que, en el caso de que falte, ahorrarla en el
jardín nos puede salir muy caro. Tanto como convertir las ciudades en lugares
inhabitables; todo lo contrario de lo que, por principio, deben ser.
Rafael
Narbona
Valencia,
julio de 2004
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