vivers ter   José Ramón Gómez Febrero de 2008
 

PINCELADAS SOBRE LA VEGETACIÓN DEL RWENZORI

La combinación de una orografía accidentada a grandes altitudes, la presencia de lluvias abundantes durante todo el año y una localización ecuatorial que ofrece una intensa radiación permite que en el Parque nacional del Rwenzori se localice una vegetación excepcional, no por su número pues podemos estar hablando de tan sólo unas 250 especies. Destaca, sin embargo, su singularidad, plantas que no se encuentran en otro lugar del mundo. Estas favorables condiciones ambientales permiten que especies -emparentadas con aquellas que se encuentran en nuestras latitudes, de tan sólo unos pocos centímetros- en las zonas alpinas de las montañas del Rwenzori se caractericen por un marcado gigantismo. La disponibilidad en abundancia de luz solar y agua (ambiental y edáfica) permite esta adaptación exclusiva, un “derroche” de crecimiento nada habitual en la naturaleza. Especies de los géneros Lobelia y Dendrosenecio destacan con fuerza de todo este conjunto creando una potente impronta en el paisaje difícil de olvidar. 

Pero muchas de las plantas localizadas en nuestro breve recorrido por estas magníficas tierras guardan un importante patrimonio cultural a la espera de ser conocido y reconocido. Las especies que hemos hallado han podido ser hermosas, algunas realmente bellas; otras espectaculares por sus formas, únicas en sus desarrollos y huellas en aquellos paisajes. Es cierto que también las ha habido discretas e incluso algunas de ellas viejas conocidas. Pero no debemos olvidar que muchas de esas plantas poseen todavía una importancia cultural para las gentes que allí viven. Los Bakonzo cuentan con un amplio elenco de aplicaciones de muchas de esas plantas que van desde la cura de las más virulentas enfermedades hasta la aplicación de sencillas techumbres que les dan cobijo. Un interesante patrimonio etnobotánico que sin lugar a dudas se debería investigar en mayor profundidad. 

Un recuerdo a las magníficas gentes que conocimos en nuestro recorrido, muy especialmente a los guías del Parque Nacional del Rwenzori que nos ayudaron a identificar muchas de las plantas que nos topamos. Su generosa sabiduría nos ha permitido compartir con ellos al menos un pequeño pedazo de su cultura y descubrir aplicaciones prácticas y creencias relacionadas con el mundo vegetal que les rodea allí en el centro de África.