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_____noticias diciembre 2007 |
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| Parque nacional de Fiorland. Artículo de Pere Ramoneda. | |||||||||||
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Con una superficie de 1,25 millones de hectáreas es el parque nacional más grande de Nueva Zelanda. Su topografía abrupta y confusa, la costa accidentada, el bosque denso y el clima desafiante, ha provocado que en la región no se hayan desarrollado ni carreteras ni núcleos urbanos. El
parque nacional de Fiorland es Patrimonio Mundial desde 1986, por sus
increíbles características naturales, su belleza excepcional y por sus
muestras de la historia de la evolución y formación de la tierra. Historia y leyenda maorí Se cree que Milford Sound (Piopiotahi) fue descubierto por los maoríes Iwi hace más de 1000 años. La
leyenda maorí cuenta que al dios Tu-te-raki-whanoa le encargaron
esculpir la costa de Fiorland. Entonando un poderoso canto (Karakia)
empezó a atacar los muros de roca con su hacha de piedra (Toki) llamada
Te Hamo. A medida que avanzaba hacia el norte perfeccionó su trabajo,
creando largas y serpenteantes entradas de aguas tranquilas que
proporcionarían refugio del agitado mar. Se dice que Milford Sound
(Piopiotahe) es su mejor escultura. Clima El
parque nacional de Fiorland es uno de los ligares más húmedos del mundo,
con una media de 6000 mm anuales en el Milford Sound. Los meses más
fríos son entre mayo y agosto con temperaturas durante el día que
oscilan entre los 4º y 10º C a pleno sol y en los valles donde este no
entre se congelan. De noviembre a febrero son los meses más cálidos y
las temperaturas pueden alcanzar los 25 º C. Pero en cualquier estación
es recomendable ir preparado para diferentes condiciones ya que el
tiempo puede cambiar repentinamente. Selva de bajas temperaturas El paisaje que ofrece el camino hacia Milford Sound es una selva densa llena de grandes árboles, lianas y helechos. La especie predominante es el Notofagus menziesii que puede alcanzar más de 25 m de altura, con hojas dentadas del tamaño de un uña, los ejemplares jóvenes se caracterizan por tener una corteza blanca o plateada. En menos cantidad también pueden verse Notofagus fusca y Notofagus solandri var. Cliffortioides, junto con el Cacryum cupressinum que puede alcanzar una altura de hasta 50 m con una corteza seca y escamada de color marrón oscuro y follaje de aspecto colgante, y el Podocarpus totara conforman el techo de esta impresionante selva. A nivel inferior se encuentra el Carpodetus serratus (hoja de mármol), Pseudopanax arboreus, Dycksonia squarrosa, Dicksonia fibrosa junto con otras especies de helechos inferiores. |
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Fotos de Pere Ramoneda. Septiembre 2007 | |||||||||
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si quieres vivir muchos
años, hazte jardinera |
Artículo de Juan Carlos
Martínez Xixón |
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El hospedante e ideólogo de esta página hace varios viajes al año a lugares exóticos con la intención de buscar nuevas plantas, nuevas ideas y nuevos amigos. Pero para descubrir algunas maravillas que nos pueden venir de la mano de la jardinería, no todo han de ser lejanos periplos. A finales del pasado mes de noviembre realicé con mi mujer un corto viaje a una pequeña ciudad de Girona. El motivo de que nos desplazásemos desde el pueblo montaña de la Asturies donde vivo, no era otro que el de asistir a la fiesta del cien cumpleaños de una tía de mi mujer que lleva sesenta y cinco años viviendo allí. En octubre de 2006 celebramos en Asturies el cien aniversario de otra de las tías. Dentro de dos años esperamos celebrar el cien cumpleaños de la tercera tía. Cuando la mayor de las tres tenía 10 años, su madre les asignó una pequeña parcela de jardín a cada una, enseñándoles los rudimentos del cultivo de plantas, y a pesar de que poco después en la gripe del 19, había sembrado una semilla que germinó y creció en el alma de las tres niñas. La vida las separó, pero siempre llevaron consigo el mismo amor por el jardín. Sus jardines eran jardines de plantas, marcados por las estaciones y precisaban de mucho trabajo, tal vez para estar mas tiempo en el jardín. Sus hijos y sobrinos se convertían a menudo en necesarios ayudantes de las jardineras: ¡niños a ayudar a sacar las watsonias!; ¡a plantar los miramelindos!... Hace apenas diez años aún nos agotaban día tras día con el incesante e impagable pero satisfactorio trabajo en el jardín, trabajo del de las manos bien manchadas de tierra. Quiero creer que para ellas fue una alegría el que su sobrina se casase con un jardinero de profesión. Una de ellas me regaló su colección de catálogos de Canda que había acumulado a lo largo de su vida de jardinera. En el viaje a Girona nos quedamos en casa de Teresa, también jardinera, a la que le acaban de dar un merecido premio en Catalunya por su trayectoria profesional. Con Teresa, amiga entrañable también de la homenajeada centenaria, recordábamos como ésta dio su paseo diario en bicicleta hasta los noventa y tres años. Este verano los parterres de su jardín estaban espléndidos con unos espectaculares impatiens. Como estábamos bastante cerca de Anglés visitamos el vivero de Alex y de Montse que nos maravilló, con su oficina bioclimática y Hig-Tec; sus nuevas plantas y sus inquietudes. No estaba Sonia pero percibimos su presencia. A Alex ahora le da por las tillandsias que crecen del aire en tutores tendederos. Si queréis ser felices seguid siendo jardineros.
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